miércoles, 23 de mayo de 2012

La linterna

 La luz, el invento, el avance, la tecnología, las fuentes de energía, el sistema. La luz que nos guía, un día, se acabará. Para no volver. La humanidad ha pasado en menos de medio milenio de luchar con espadas, arcos, escudos y flechas, a luchar desde un sofá, esperando que en el telediario señalen su gran victoria ante un país cuya gente no tiene donde caerse muerta. Un país que lucha por su independencia, que pide a gritos la libertad, pero no se la conceden porque algo tienen que sacar. La luz que alimenta los pasos del mundo se extingue por momentos, la causa: mirar a otro lado con la excusa del progreso humano; y mientras tanto, empresas punteras de energía renovable en todo el mundo se ven frenadas por los grandes monopolios energéticos, los cuales compran estas empresas para que no avancen lo suficiente como para tener usos prácticos, bien. Vivamos otra gris edad media camuflada de sentimentalismo libertario y de un fanatismo religioso hacia el dinero. Un problema de la luz de la globalización y del progreso es que, cuando está en marcha, nadie puede pararla. Si intentas este movimiento contra natura te arrollará. 
 Nunca existirá nada que nos sacie.
 La sed de conocimiento reclama alto.
 Nadie puede pararla.
 La luz del progreso se acerca.
 Ya es hora del cambio de bombilla.
 Adiós Adam Smith...