lunes, 30 de abril de 2012

La inmensidad en ti

La esperanza vana,
vano deseo de mi ser
que se ve desvanecer
en cada severo desvelo.

Grita en mí
y engrandece,
se enrojece
ante tal frenesí.

Miradas perdidas,
saturadas, cohibidas,
heridas, queridas,
sentidas, vividas...

Vuele esa realidad
difusa,
que al decir verdad
abusa.

Flojo el estilo,
conmueve,
tal talle que embellece,
el sentido en ser breve.

(1)

domingo, 29 de abril de 2012

La ventaja de ser religioso (II)

Se cerraron las puertas. La oscuridad se perpetúa dentro de mí. No creo en nada. Mis ojos se camuflan en el telón de carne. Caigo al vacío. Sin él no soy nada, ¿qué sentido hay? Ninguno. Menudo tema.Caigo, caigo, caigo, no muero. Mi espalda no toca el suelo. No noto como crujen mis vertebras. No noto las quemaduras del infierno. Qué raro. Me doy la vuelta. Me sorprendo. Al fondo hay otra luz. Brilla. Me precipito a ella. El suave tacto de sus centellas me abraza y se compadece de mis sentidos. Yo, yo y yo. No escucho otra cosa. ¿Será esto el Valhala? Ya sólo escucho ruido, no consigo descifrarlo, como si de una radio sin radial se tratase... Dios no llega aquí, no lo noto...

Donde el silencio da sus frutos.

Se precipita. Se exige cierto nivel en todo lo que hagas. Todos tus actos están vigilados. Sentidos. Pensados por alguien que no eres tú. ¡Qué putada! El sistema exige lo que ha cultivado con nuestros impuestos. Educación y demagogia, entrenamiento para robots del futuro. Robots con sentimientos, con mente, inteligentes en lo humano, pero atados a las normas de una sociedad establecida en un modelo de masas y consumismo. Atados a los gajes de vivir en unos clanes que universalizados en vez de conseguir la paz perpetua, han conseguido una esclavización del pensamiento. Tus fronteras están en el sistema. ¿Quién quiere más? Tu casa, tu coche y tu forma de pensar. Mientras, miles de muertos en otros países que sirven para rentabilizar el modelo económico hitleriano de las naciones más poderosas. ¿Qué más da? Funciona. Convirtamos África en campo de trigo de proporciones continentales para alimentar la muerte. La idea es clara, si tienes dinero, tienes, vives. 
Los sentidos están despejados y el rumbo establecido, volvamos a la España de finales del siglo decimonónico.
Alimentemos el hambre del tío Sam.
Alimentemos la venganza imperialista de la gran potencia, la cual nos hace a todos los demás iguales. Una mierda.
Gracias Adam Smith.