Se precipita. Se exige cierto nivel en todo lo que hagas. Todos tus actos están vigilados. Sentidos. Pensados por alguien que no eres tú. ¡Qué putada! El sistema exige lo que ha cultivado con nuestros impuestos. Educación y demagogia, entrenamiento para robots del futuro. Robots con sentimientos, con mente, inteligentes en lo humano, pero atados a las normas de una sociedad establecida en un modelo de masas y consumismo. Atados a los gajes de vivir en unos clanes que universalizados en vez de conseguir la paz perpetua, han conseguido una esclavización del pensamiento. Tus fronteras están en el sistema. ¿Quién quiere más? Tu casa, tu coche y tu forma de pensar. Mientras, miles de muertos en otros países que sirven para rentabilizar el modelo económico hitleriano de las naciones más poderosas. ¿Qué más da? Funciona. Convirtamos África en campo de trigo de proporciones continentales para alimentar la muerte. La idea es clara, si tienes dinero, tienes, vives.
Los sentidos están despejados y el rumbo establecido, volvamos a la España de finales del siglo decimonónico.
Alimentemos el hambre del tío Sam.
Alimentemos la venganza imperialista de la gran potencia, la cual nos hace a todos los demás iguales. Una mierda.
Gracias Adam Smith.