jueves, 7 de marzo de 2013

Lo útil y lo justo...


            La situación en la que queda este tema, esta pregunta, sin resolver de la filosofía es confusa. Porque preferir es opinión, y aunque yo presente muchos argumentos a favor de por qué lo justo es mejor, sé perfectamente que habrá personas que me lo puedan rebatir con la suya propia, ya que este tema se puede responder por varios senderos, todos igual de lógicos dentro de un plano propiamente humano.
            Lo primero que habría que hacer es aclarar que cada persona tiene su propia opinión o punto de vista sobre lo que es la justicia y que, también, habrá gente que encuentre útil una cosa que a otra le resulta inútil. Incluso puede haber gente a la que le resulte útil ser justo, como por ejemplo un juez, el cual cobra por dictar una sentencia que se acerque más al ideal de justicia en el caso que le corresponde. Y a otras les resulte justo lo útil, como a un ladrón. Esto es así. Aunque no siempre acierten en lo más justo. Pero se pueden extrapolar estos conceptos, se pueden llevar a un plano menos confuso y más cercano como es el “qué es” lo justo o lo útil desde un plano antropológico, y no ético.
            Lo útil, propiamente dicho, es un concepto que habría que remontar a nuestra propia naturaleza. Una forma de ser que encontramos en todos los factores de la misma, desde las leyes de la gravedad hasta el ser humano. El ser útil en esta explicación tomaría una explicación muy maquiavélica, ya que es lo que se necesita en el momento en el que se necesita. Por decirlo de otra manera, es el placer inmediato, dan igual las consecuencias que este traiga. El agua cae por una cascada porque es el sitio por el cual encuentra menos oposición para llegar al mar, le da igual que con su fuerza de caída rompa la roca, no tiene la necesidad de rodear la caída. Podríamos comparar esto con el concepto de “fácil” y hacerlos análogos, pero estaríamos cayendo en un error porque lo útil, no tiene por qué ser fácil. Es más, puede ser complicado pero como satisface esa necesidad, vale la pena el esfuerzo. Por poner otro ejemplo: si un lobo encuentra a un ciervo herido pero éste se encuentra en un lugar de difícil acceso, el depredador seguramente decidirá que lo mejor es acceder a este y comerse al animal que pasar de largo e intentar cazar otro por su propia cuenta. Es un acto falto de bondad, sí, pero está en la naturaleza del lobo cazar para alimentarse, y si puede gastar menos energía, pues mejor. Pero este concepto en el ser humano trae problemas, y aunque haya muchas formas de gobierno, convivencia o economía humana que basen sus doctrinas en lo que es útil para un sujeto individual, no quiere decir que éstas sean acertadas.
            Lo útil, en el ser humano como ser racional, sólo tiene cabida si en su empeño por “utilizarlo” no perjudica a otro ser humano que también puede realizar algo útil. En otras palabras, un ser humano, Homo Sapiens, moderno a pesar de todo su empeño con largos procesos de abstracción hasta alcanzar la realización de una cultura que los separe propiamente del resto de animales, sigue formando parte de la cadena evolutiva animal. Sigue siendo un "animal", aunque un animal racional. Es ahí donde se encuentra la clave de la utilidad en lo humano. Reside en que el ser humano tiene los mismos instintos que aquel lobo que nombrábamos antes, tiene esas necesidades que necesita saciar. Aquí reside el problema, un lobo es solitario, no le obliga el poder de la manada, se basta él mismo para sobrevivir en la naturaleza y por eso puede decidir si matar al ciervo o no matarlo; pero el hombre, como individuo, aunque sea el más fuerte del mundo, es un ser social que necesita al resto de la manada para sobrevivir, necesita el relacionarse porque sus capacidades físicas no son suficientes para matar a ese ciervo, despiezarlo y transportarlo. Por eso y por muchas otras cosas, como por ejemplo su latoso proceso de reproducción, el cual no lo puede llevar una persona nada más, necesita el grupo para sobrevivir y cuando digo grupo, me refiero a todo el grupo porque cada uno realiza su función y es de alguna manera u otra “útil” para el mismo. Creando así una protección interior en el grupo en la que llegamos a la conclusión de que todo el mundo puede realizar lo que considere útil mientras no interfiera en lo útil de la otra persona.
             Por eso, se necesita establecer unos límites dentro de la acción humana para conseguir una cierta “igualdad” en cuanto a las acciones que realizamos. Un límite que tiene que ser establecido por los hombres para los hombres, un valor invisible que es capaz de parar los pies a los fuertes para que no se impongan sobre los débiles. Igualando a todos en un solo estado de convivencia, que ya no es el físico, sino el mental. Este valor invisible representa a lo justo, lo que está en su justa medida, lo que nos iguala en un grupo heterogéneo. Lo que da orden al caos de la convivencia. Aunque no se considere justo lo que se imponga sobre el resto, aunque parezca justo. Tiene que ser un mutuo acuerdo que nos iguale y nos haga fuertes como grupo. Porque es esta forma de actuar, el comportamiento piadoso que hace ceder parte de libertad a favor de la convivencia de un grupo, lo que nos diferencia de los animales y nos hace humanos.