martes, 27 de noviembre de 2012

La llegada del glorioso elemento (I)

  Se establecen los contactos y un ya te llamaré, si eso, le dije a mis amigos de toda la vida en el aeropuerto. Iba a cruzar el umbral. Mi madre llora, al igual que mi padre, pero él más por dentro. Me despiden, con más bien pocas ganas de que me fuese, pero era ley de vida. Necesitaba irme. Y digo necesidad en el sentido más amplio de la palabra, no había trabajo. Entro en el dutty-free. No quiero volver la vista atrás por miedo a que mis pies la acompañen. Ya había sido duro en casa, a mis abuelos, no les sorprendí. Según ellos, ya habían visto como estaba la cosa en el telediario. Mientras hacía las maletas, ya añoraba el aroma de la casa. Ya me sentía lejos, aun estando en casa. Estaba en el embarque, me temblaban las piernas. Sonaba de una forma repetida y estridente mi vuelo. Pasaban los minutos y las personas por aquella eterna fila. Había de todo tipo de personas. Jubilados, matrimonios de luna de miel, turistas, gente de la misma condición que yo e incluso, y esto es lo que me alegró el viaje, un inglés que parecía no entender muy bien su destino, que era Londres. Me dirigía a las tierras bávaras, cuna de la filosofía contemporánea de Europa. Famosa por sus cervezas y salchichas, además de su gente rubia y con los ojos claros. Aunque también, y más comúnmente, conocida por los dos episodios lamentables que tuvieron lugar en el anterior siglo. Lo que me impresionaba de esa gente con la que iba a convivir es la capacidad que tenían para rehacerse, y lo duro que trabajan. En menos de treinta años de la segunda guerra mundial, ya necesitaba trabajadores extranjeros para cubrir su bolsa de trabajo en fábricas, oficinas, etc... Me dirigía hacía esas tierras, de las cuales mi abuelo volvió hace veinticinco años con mi padre educado en su sistema, y sentía que el pasado se estaba volviendo a repetir. Doy gracias a Dios por el segundo idioma que me enseñaron de pequeño. Una lengua complicada, como la gente que la habla. Con esto, ya estaba en mi asiento del avión. Miraba por la ventanilla, intentando divisar a mi familia en las grandes cristaleras a la vez que admiraba la tierra de la que partía. Tierra de grandes oportunidades y gentes, desaprovechadas por el afán del sentido del hidalgo del lazarillo combinado con la ingenuidad de Alonso Quijano. Pero como este último, no de gente precisamente tonta, llamémoslas predecible. La luz de cinturones abrochados parpadeaba, a la vez que parpadeaban mis ojos intentando no soltar ninguna lágrima. Pero no pude, me até el cinturón y puse mis dedos en mis párpados, masajeandolos. Cabeza baja y codos en las rodillas, una de las peores sensaciones del mundo. Sentí una mano en la espalda. Me dio un par de palmadas y dijo: "Ich weiß, wie du dich fühlst". Un "sé como se siente" que me tocó la fibra sensible. Sin mirar que clase de hombre era, rompí a llorar en su hombro. Un hombre de veintidós años recién cumplidos y licenciado en Historia, llorando como un niño de cinco cuando no ve a su madre desde el columpio del parque. Pero en ese momento no me sentí avergonzado, para nada. En los dos siguientes minutos se me paso la pataleta. Alcé la vista, lo que vi me sorprendió. Un señor de rasgos africanos y piel oscura que rondaría la edad de mi padre. Le respondí: "danke schön"-"Muchas gracias". Comenzamos a hablar. Me contó cuando era muy pequeño, sus padres se vieron obligados a emigrar a Alemania desde el Congo. Que no tuvo muchas dificultades al aprender el idioma ni para coger el acento. Es  lo que me había sorprendido en un principio. Se consideraba alemán a la par que que congoleño, pero cuando el mercado inmobiliario estaba en alza se mudó a España, patria querida, para aprovechar la oportunidad. Era arquitecto. Bastante reconocido, al parecer. Con la crisis, no le quedaba otra que volver a las tierras frías. Pero no se iba de vacío. En esos doce años que estuvo en España había conocido a su mujer, se habían casado y tenían un hijo de cuatro años al que le daba miedo el sonido del motor. La mujer era andaluza, de Ecija, le comenté mi situación, en español, claro está. Me respondió en alemán, según dice ella, por adaptarse al panorama que le esperaba. Era doctora en filología alemana y había conseguido una plaza como profesora adjunta en la universidad de Berlín. Esto era interesante para mí, ya que quería moverme en esos ambientes universitarios. Le hablé, el alemán, cosa que reitero porque me incordiaba hablar con una española en un idioma del que me iba a hartar. Tenía un acento muy gracioso, un alemán andaluz... bastante peculiar. Se me pasó el vuelo volando, valga la redundancia, y para cuando me di cuenta estaba en la salida, intentando coger mi maleta. Esperaba que no me la hubiesen extraviado, no conocía tan bien el idioma. Pero no, hubo suerte. Salí y vi como el señor con el que había estado hablando, Jerome, saludaba a sus padres y  hermanos, mientras que su mujer se quedaba atrás. Al fin, la presentó y la recibieron de igual manera, a ella y a su nieto, bastante guapo, por cierto. Yo ya esperaba una recogida igual, que me llenasen de abrazos y, si era guapa, también de besos. Me paré. Miré hacia todos los lados, pero no vi mi nombre en ningún cartel. Según la página de alquiler de piso compartido, mi compañero debería estar aquí para recogerme y conocernos. Esperaba que no fuese raro. La gente se fue, y yo seguía allí. Jerome se ofreció a llevarme a la dirección de la casa, bastante cercana a la universidad. Me despedí con una sonrisa y ellos ofreciéndome la ayuda además de su teléfono. Llegué al portal a las nueve de la noche. Saludé formalmente al portero, y él me dijo el piso en un perfecto español pucelano, me extrañó. Pensé: "Llevo dos horas en Alemania, y he conocido más españoles que alemanes, increíble". Aunque él me dijo, que no lo era tanto ya que eran gente muy cerrada estos alemanes. Creí que sería exótico, pero ya veo que no. Me guió hasta mi piso, me abrió la puerta y me dijo que estaba allí para lo que quisiese y que me pasará por la Casa de España, para estar entre personas de mi nacionalidad. El llevaba treinta años de portero, y que, aún, en los tiempos que corren, no se habían propuesto cambiarlo por un portero automático. Gente cerrada, pero le gustaba el trato humano. Estaréis pensando lo mismo que pensaba yo, que es de la quinta de mi abuelo. Le pregunté cómo llegar a los sitios que necesitaba ir al día siguiente, para no pagar un taxi, y me despedí con una sonrisa. Entré por la puerta de lo que sería mi casa, pero no había nadie. Allí me encontré...
  Solo, lejos de mi país pero rodeado de gente española.
  Cerré los ojos y suspiré...
  Supongo que era lo que tocaba.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Un sistema, una ilusión.

  Es gracioso ver a la gente que discute de política: Que si tus ideas son de derechas, fascista, o que si eres de izquierdas, comunista. Se tiende a los extremos, a disuadir la realidad. Lo podríamos explicar con la imagen de un niño golpeando el agua en calma de una fuente, creando ondas y no dejando ver su reflejo en la misma. Los partidos políticos, hacen una cosa parecida. Me explico: Lloran y lloran para que su madre (el pueblo) les lleve al parque, y cuando lo consiguen con mentiras y tretas, tratan todo el tiempo que están allí de disuadir la imagen que habían dado intentando borrar su reflejo del agua. Lo único que les faltaba es golpear a la madre en el parque, pero de una manero u otra, lo hacen. Es decir, una madre que cría a un hijo sano y vigoroso, lo mantiene e incluso le quiere, sufriría al ver al mismo destrozar su imagen en un reflejo. Sentiría como si se estuviera mutilando. Lo que no sabe el niño que golpea, es que ese agua son las lagrimas, el sudor y la sangre de la madre, que ha luchado, por tener ese hijo, por cuidarlo y que llegase algún día a ser mayor y respetable. Pero tras muchos años sigue yendo al parque a golpear el agua. Quizás la madre criase a lo peor de si misma y no lo ve. Quizás le ha dado más de lo que merecía o quizás le ha consentido en exceso. Pero ella está ciega, ciega de amor y de confianza. De esperanza en que algún día pueda cuidarla a ella como ella le cuido a él. Ya que sus heridas, de batallas anteriores. No cicatrizan con tanta facilidad.
  ¿Realmente lo que vemos es lo que hay? Es relativamente fácil ponerse a escribir en un blog o soltar tus opiniones políticas en un bar, pero no lo es tanto enfrentarse de manera abierta a un ideal político plasmado en una institución o partido. La verdad de "lo que hay" sólo se puede ver de un manera, entrando en la tela de araña. Pero no echar un pequeño vistazo entre las cortinas e irte no serviría de nada, porque es lo que suele hacer la gente que discute de política. Tienes que adentrarte, conocer su historia, sus luchas, tanto internas como externas, sus verdades y mentiras, e incluso las novedades de cada partido si quieres saber saber realmente lo que ocurre en política. Con esto, no quiero decir que yo sea un experto en la materia, y por ello no hablo y mucho menos discuto por ella. Sólo juzgo a las personas que lo hacen sin tener en cuenta que las personas que criticas o alabas siguen siendo humanos como tú, y que se pueden equivocar sean del partido que sean. 
  Aquí encontramos la siguiente cuestión, la utopía política. Ya que, puedo decir y recalcar que los políticos  son humanos y pueden cometer errores, pero estos no se justifican ni se solucionan por ellos. Puede resultar extraño lo que a continuación voy a explicar, por ello, intentaré ir paso a paso y golpe a golpe.
  Un político, propiamente dicho, es una persona que se dedica a la política, término muy discutido el la actualidad que sienta su significado en las antiguas aglomeraciones griegas autocráticas que en la actualidad se a asemejarían a los estados o naciones modernos, aunque estos últimos tienen una maquinaría mucho más compleja. La realidad de un político es la misma que la que tenían los antiguos jefes de tribu, mantener la estabilidad del pueblo base y preservar el patrimonio y el legado cultural del mismo. Si añadimos a este motor antrópico el concepto de democracia, la mezcla se dispara. Ya que el político-líder no es el mejor o el más fuerte o el más inteligente, sino el que más capacidad de persuasión y carisma hacia las masas tenga. Es decir, el que más aparente ser en virtud lo que un líder debería ser. Para ello, cada político ejecutivo tiene un tiempo, llamado tiempo de campaña, para convencer a sus iguales de que ellos son los más aptos. Entonces, se crea la imagen antes hablada, en la cual se miente para alcanzar el ansiado título de poder sobre los demás. Crea una imagen, a la gente le gusta y le votan. Sale elegido, llega a su trono, y se da cuenta de lo que pesa la batuta del poder. Tanto que no puede casi ni mantenerla. Había dado tanto la imagen de líder fuerte, que ahora se ve pequeño e incapaz de realizar su función correctamente. Decide que para un rato que puede levantar su báculo, debería indagar en los temas de mayor importancia para él y su partido. Y ahí se encuentra el fin de la cuestión. Un político incapaz en la cima del poder de su rama que no puede ser justo porque sus intereses individuales pesan más. Seguramente, este individuo no halla estudiado lo que las ramas políticas necesitan y es de otras ramas en las cuales, la retórica es importante. Por eso llegan adonde están y por eso después no lo pueden controlar.
  Y mientras, estudiantes de ciencias políticas en paro por no afiliarse a ningunas juventudes políticas.
  Una madre llorando, a la par que su hijo intenta borrar su pasado...
  Una utopía por alcanzar y el futuro por alcanzarlo.
  Si algo nos ha enseñado la historia es que no hay poder que pueda ser arrebatado eternamente al pueblo.
  Es la hora de desmontar el sistema, es la hora de eliminar esa Ilusión...
  Se acerca la luz del final del túnel, no cierres los ojos.

La ventaja de ser religioso (III)

  No lo noto, la brisa que acaricia ahora mi cara es diferente. Diferente voz para distinto significado. Lo adoro.Veo su mirada, me hace grande, mi mente se expande hasta explotar y lograr millones de ideas que antes ni notaba. Ya no soy yo y él. Relámpagos multicolor surgen de mi cabeza cuales premisas que acontecen. Mi alma cae al vacío, mi ser y mi psique son uno. Más compacto. Más fuerte. Con más ganas de comerse el mundo. Renovado por fuera. Noto el calor que mi corazón lentamente desprende al volver a latir. Sin dilación, no me sorprende. Estoy empezando a vivir. Comprendo lo que me rodea, pero la verdad que veo se ve obsoleta cuando miro arrida, de donde caí. La información que mis mismos sentidos reciben de exterior se vuelve burda y banal, falta de significado. Se ven sombras en la pared o es simplemente un decorado. Es tan confuso, tan difuso el conocimiento, pero hay algo que me escusa. Mis pies tocan el suelo, y a mi cuerpo lo sustenta el suelo. Es la gravedad lo que me mantiene, no floto por él en el cielo. Creo en mí. Doy el primer paso...

domingo, 18 de noviembre de 2012

Por las puertas del abismo

¿Te sientes honrado,
lleno de optimismo,
falto de realismo,
es decir, enamorado?

¿Has sentido el abismo
de su cálida mirada,
 has cogido tu nihilismo
y le has dado una patada?

Mire bien, sé lo que piensa,
que estoy loco o demente. 
Si así me mira la gente,
que así sea si estoy con ella.

No le voy a mentir,
he llegado a percibir
cierta locura en su ser, 
pero no más a mi parecer,
que la que se tiene por vivir.

Pues diga doctor,
no se corte con el diagnostico,
si es mortal su veredicto,
mío será el dolor.

Lo crea o no,
usted no sufre enfermedad
más allá de la normalidad,
lo que usted tiene es amor.

Un amor crónico, 
ya lo siento,
mi más sentido pésame.
No a cura para el que ame,
lo que usted tiene es permanente.

Cuídelo severamente, 
guárdelo en un recipiente,
será su bien más preciado
desde ahora y para siempre.

Pues me alivia usted,
yo pensaba que era mejor,
que era alguna enfermedad rara
que me la podría quitar.

En fin, la tendré que disfrutar,
aunque, lo crea o no, 
ya lo habría hecho sin obligación.
¡Qué me maten si no tengo amor! 
  

El amor como principio o el principio del amor...

  Como dicen The Blues Brothers en su famosa canción, todo el mundo necesita a alguien para amar, y me ha venido a la cabeza este tema, el amor y sus caprichos. 
  Es cierto, que estudiando la vida desde un comienzo, el amor no tiene ningún sentido ya que no sirve para nutrirse, relacionarse, lo puedes hacer de otra manera, con el entorno u otros congéneres sin sentir amor, al igual que pasa con la reproducción, porque hemos visto gente tener hijos sin amor alguna vez, ¿no? Entonces, si no es necesario, por qué existe. Es una pregunta que siempre me viene a la cabeza. El amor no es necesario, pero si no lo tenemos sufrimos igual o peor que si nos quedamos sin comida o seguridad. Sentimos frío si no lo tenemos, es un sentimiento muy interno y a la vez lo contrario. Además del amor paterno o materno que se pueda encontrar en el nido, el hombre, dicho como ser humano, necesita el sustento de otro amor externo a este para poder llegar a volar y vivir su vida con cierta seguridad.
  ¿Puede ser el amor ser una evolución en el ser humano del instinto de atracción animal? Puede, mejor dicho, no puede. El ser humano ha desarrollado una inteligencia que lo diferencian notablemente del resto de animales. Es, aunque suene mal, un Super-Animal. Al tener cubiertas el resto de sus necesidades más primarias no puede quedarse ahí y decide mirar al resto del grupo. Es un ser social, por supuesto. Me gustaría hablar otro día sobre los cambios que produjo el bipedismo en la concepción de ser social y en el tema del amor, pero hoy toca amor y solo amor...
  Esa cálida posesión que te arropa en los rincones más oscuros de tu sociedad.
  La verdad es que que dos personas se amen el uno al otro establece un vínculo suprahumano, y ya es el siguiente paso. Están unido de una manera sentimental y sus actos tienen que concordar con la otra parte de la pareja. Su ética cambia en pos de ella o él. Enamorarse de alguien que está enamorado de ti y que los dos compartáis esa sensación es un sentimiento muy hermoso. Es algo que enciende tu ingenio y que te quita esa cara de mal humor diario. Es como una bebida isotónica para tu corazón y un dopaje para tu cerebro. Pero esta sensación puede romperse en cualquier momento, y eso provoca inseguridades en la pareja, por lo que es importante que "la semilla sea fuerte" osease, que la relación se base en la confianza y en la sinceridad. Porque si no, estas mintiendo tanto a tu pareja como a ti. Os estaréis haciendo daño mutuo. 
  No hay que confundir el amor con el puro deseo banal y sexual, aunque suelen ir de la mano.
  Tampoco con el amor de una madre.
  Es esa sensación que escuece en las llagas de tu pasado y alimenta tu alma.
  Lo es todo...