lunes, 10 de junio de 2013

Un día menos (I)

  Vio las nubes y se puso a pensar. Buscó en lo más hondo de su ser. Vio que no quedaba ya nada.

  Vio las nubes y se puso a pensar, se redujo a aquel asiento de la estación. Intentó abstraerse, hacer capaz su mundo. Mentirse a sí mismo. Vio su autobús, que, como todos los días, llegaba tarde. Sabía lo que hacía, pero al ver su reflejo en el espejo no se vio. Se busco. "Sesenta céntimos, caballero... Si puede". Estaba haciendo esperar a el pobre conductor; se le ve en la cara que ese trabajo no le satisface, pero que le va a hacer, con algo tendrá que alimentar a su familia. Mientras tanto, su mente se había quedado en el asiento, tardó un rato en volver a su cuerpo. Reaccionó.
  Buscó en lo más hondo de su ser, es decir de su bolsillos, su trabajo diario. Su día en la fábrica parecía haber sido productivo, por su cara, que reflejaba un agotamiento total. Como el de aquel que lucha día a día para, como el conductor, traer la gracia a su familia. Recordó tiempos mejores de su infancia. Las tardes en la plaza jugando al fútbol, imaginando ser Ronaldo, el astro brasileño que acababa de ganar el mundial. Los veranos en su pueblo, donde encontró el amor, donde su vida cambio, donde... ahora solo quedaban recuerdos y vacío... Rebuscó.
  Vio que no quedaba nada, solo polvo, sombras, mentiras... miró al conductor, él le devolvió la mirada de una forma inquisitiva. Le calló cuando fue a hablar, no quería más escusas. "Baja" le dijo "Tengo que continuar la ruta. Hoy te toca andar". Bajó del bus, y se puso a caminar. Largo era el trayecto y dura la soledad que le acompañaba, pero ya venían siendo compañeras de cama en esa larga Odisea. Paró. Se miró los pies. Suspiró. Sabía que mirar atrás ya era inútil. Ya no existía la redención, solo olvido. Largo precipicio, frágil cuerda.

martes, 4 de junio de 2013

Susurro de Feuerbach

  Es irónico, la persona entendida en el ser humano, muere sola. Abandonada por la sociedad, por sus ideas, por sus concepciones teológicas. Por volver a enunciar al sofista Protágoras en su famosa frase: "El hombre es la medida de todas las cosas". Por querer creer. Por hacer de sí un modelo de estudio tanto antropológico como teológico. El pobre Feuerbach murió solo y eclipsado por sus amigos de la izquierda hegeliana. Eclipsado por el que supo vender sus ideas, el primo Carlos. Aunque éste se fijara completamente en él. 
  Una pena, la verdad.

La tela de araña

  Las verdades son subjetivas. Subjetivas al modo de verlas. Al filtro por el que pasan. Las verdades son buenas aliadas de quien cree haberlas encontrado. Por mucho que me fijo, mi parecer no cambia. Sigo viendo la misma movida y la misma gente: Nuevos lobos ocupan la piel de oveja que cubría a los anteriores. Y siguen muriendo ovejas. Somos capaces de crear las mayores máquinas. Las mayores fábricas en pos del progreso. Somos capaces de construir largos puentes que unan intereses económicos y aún no hemos conseguido tender el puente más corto. El que une a un humano con el otro. Esa pequeña distancia en la que desaparece la igualdad que presentan ciencias como la demografía. Tomándonos como números, como simple material de fábrica. Un simple método de producción. Como el pastor que cuenta sus cabras.
  La tendencia a la globalización nos está separando. Las distancias han sido acortadas por los medios de comunicación y los rápidos transportes de los que se dispone para crear, crear y crear. Una cadena de producción masiva, que no cesa y, que como ya he dicho, nos deshumaniza. Convierte a los productores en producto, miembros obligados de esa cadena. De esa tela de araña que nos atrapa, que nos persigue, que nos ahoga.
  Se producen masificaciones de población. Cada vez hay más gente junta en las urbes y más separada en sus casas. Hemos creado el monstruo que ellos querían. Hemos conseguido ser menos humanos. Vivir en una mentira en la cual, hasta el único sentimiento puro y humano, el amor, se ve torturado por las manos de los mercados. Se debilita éste en las nuevas generaciones. Se ve condenado a fracasar por el simple motivo de que se busca la perfección, cuando es imposible que todo lo sea. Se busca la perfección de un producto en serie (como los que se representan en las pelis de Disney) y solo se encuentran decepciones. Por eso la gente pierde la fe en esto y se deshumaniza. Pero existe, está ahí. Solo hay que esperar.
  Algo que en nuestra "rápida sociedad", parece complicado. 
  Es una tela de araña, que nos compete y compromete a todos. Nos ata y nos maltrata.
  Se busca la imagen de un destino en la arena de una playa.
  Se venden imágenes, vidas prefabricadas.
  Pero no se entiende que "La verdad" es una y que cada uno la ve a su manera.
  Por eso, no hay un absoluto que represente el modelo a seguir.
  Eres tú, humano, contra el mundo.
  Viste la luz. Ahora no te vuelvas. Escapa.