domingo, 29 de abril de 2012

La ventaja de ser religioso (II)

Se cerraron las puertas. La oscuridad se perpetúa dentro de mí. No creo en nada. Mis ojos se camuflan en el telón de carne. Caigo al vacío. Sin él no soy nada, ¿qué sentido hay? Ninguno. Menudo tema.Caigo, caigo, caigo, no muero. Mi espalda no toca el suelo. No noto como crujen mis vertebras. No noto las quemaduras del infierno. Qué raro. Me doy la vuelta. Me sorprendo. Al fondo hay otra luz. Brilla. Me precipito a ella. El suave tacto de sus centellas me abraza y se compadece de mis sentidos. Yo, yo y yo. No escucho otra cosa. ¿Será esto el Valhala? Ya sólo escucho ruido, no consigo descifrarlo, como si de una radio sin radial se tratase... Dios no llega aquí, no lo noto...

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