La
situación en la que queda este tema, esta pregunta, sin resolver de la
filosofía es confusa. Porque preferir es opinión, y aunque yo presente muchos
argumentos a favor de por qué lo justo es mejor, sé perfectamente que habrá
personas que me lo puedan rebatir con la suya propia, ya que este tema se puede
responder por varios senderos, todos igual de lógicos dentro de un plano
propiamente humano.
Lo
primero que habría que hacer es aclarar que cada persona tiene su propia
opinión o punto de vista sobre lo que es la justicia y que, también, habrá
gente que encuentre útil una cosa que a otra le resulta inútil. Incluso puede
haber gente a la que le resulte útil ser justo, como por ejemplo un juez, el
cual cobra por dictar una sentencia que se acerque más al ideal de justicia en
el caso que le corresponde. Y a otras les resulte justo lo útil, como a un
ladrón. Esto es así. Aunque no siempre acierten en lo más justo. Pero se pueden
extrapolar estos conceptos, se pueden llevar a un plano menos confuso y más
cercano como es el “qué es” lo justo o lo útil desde un plano antropológico, y
no ético.
Lo
útil, propiamente dicho, es un concepto que habría que remontar a nuestra
propia naturaleza. Una forma de ser que encontramos en todos los factores de la
misma, desde las leyes de la gravedad hasta el ser humano. El ser útil en esta
explicación tomaría una explicación muy maquiavélica, ya que es lo que se
necesita en el momento en el que se necesita. Por decirlo de otra manera, es el
placer inmediato, dan igual las consecuencias que este traiga. El agua cae por
una cascada porque es el sitio por el cual encuentra menos oposición para
llegar al mar, le da igual que con su fuerza de caída rompa la roca, no tiene
la necesidad de rodear la caída. Podríamos comparar esto con el concepto de
“fácil” y hacerlos análogos, pero estaríamos cayendo en un error porque lo
útil, no tiene por qué ser fácil. Es más, puede ser complicado pero como
satisface esa necesidad, vale la pena el esfuerzo. Por poner otro ejemplo: si
un lobo encuentra a un ciervo herido pero éste se encuentra en un lugar de
difícil acceso, el depredador seguramente decidirá que lo mejor es acceder a
este y comerse al animal que pasar de largo e intentar cazar otro por su propia
cuenta. Es un acto falto de bondad, sí, pero está en la naturaleza del lobo
cazar para alimentarse, y si puede gastar menos energía, pues mejor. Pero este
concepto en el ser humano trae problemas, y aunque haya muchas formas de
gobierno, convivencia o economía humana que basen sus doctrinas en lo que es
útil para un sujeto individual, no quiere decir que éstas sean acertadas.
Lo
útil, en el ser humano como ser racional, sólo tiene cabida si en su empeño por
“utilizarlo” no perjudica a otro ser humano que también puede realizar algo
útil. En otras palabras, un ser humano, Homo Sapiens, moderno a pesar de todo
su empeño con largos procesos de abstracción hasta alcanzar la realización de
una cultura que los separe propiamente del resto de animales, sigue formando
parte de la cadena evolutiva animal. Sigue siendo un "animal", aunque
un animal racional. Es ahí donde se encuentra la clave de la utilidad en lo
humano. Reside en que el ser humano tiene los mismos instintos que aquel lobo
que nombrábamos antes, tiene esas necesidades que necesita saciar. Aquí reside
el problema, un lobo es solitario, no le obliga el poder de la manada, se basta
él mismo para sobrevivir en la naturaleza y por eso puede decidir si matar al
ciervo o no matarlo; pero el hombre, como individuo, aunque sea el más fuerte
del mundo, es un ser social que necesita al resto de la manada para sobrevivir,
necesita el relacionarse porque sus capacidades físicas no son suficientes para
matar a ese ciervo, despiezarlo y transportarlo. Por eso y por muchas otras
cosas, como por ejemplo su latoso proceso de reproducción, el cual no lo puede
llevar una persona nada más, necesita el grupo para sobrevivir y cuando digo
grupo, me refiero a todo el grupo porque cada uno realiza su función y es de
alguna manera u otra “útil” para el mismo. Creando así una protección interior
en el grupo en la que llegamos a la conclusión de que todo el mundo puede
realizar lo que considere útil mientras no interfiera en lo útil de la otra
persona.
Por eso, se necesita establecer unos límites
dentro de la acción humana para conseguir una cierta “igualdad” en cuanto a las
acciones que realizamos. Un límite que tiene que ser establecido por los
hombres para los hombres, un valor invisible que es capaz de parar los pies a
los fuertes para que no se impongan sobre los débiles. Igualando a todos en un
solo estado de convivencia, que ya no es el físico, sino el mental. Este valor
invisible representa a lo justo, lo que está en su justa medida, lo que nos
iguala en un grupo heterogéneo. Lo que da orden al caos de la convivencia.
Aunque no se considere justo lo que se imponga sobre el resto, aunque parezca justo.
Tiene que ser un mutuo acuerdo que nos iguale y nos haga fuertes como grupo.
Porque es esta forma de actuar, el comportamiento piadoso que hace ceder parte
de libertad a favor de la convivencia de un grupo, lo que nos diferencia de los
animales y nos hace humanos.
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