De la nada a la vida. Y de allí, otra vez a la nada.
El ciclo no para, se siente la sensación de rabia por la inutilidad de la misma. Ganas de ser tú quien decida cuando y donde desaparecer de esta efímera existencia que es la vida. También ganas de ser tú quien decida su inicio. Pero eso, sí que es más imposible. Nuestra aparición en este mundo es más contingente que nuestra muerte. Ya que nuestra existencia puede ser o no-ser por decisiones externas siempre a nuestro ser, pero la muerte, la muerte, es esa gran constante vital que nos observa y que tenemos la total certeza de que un día nos señalará con el dedo y caeremos otra vez al no-ser, lo positivo, si se puede llamar así, es que en cualquier momento te puedes tirar por la ventana y obligar que esta ingrata compañera de viaje estire su brazo, decepcionada ante nuestra decisión.
De lo que estoy seguro, es de lo que no hay que tenerle miedo a la parca, ya que una vez no-fuimos y lo único que tenemos seguro en esta vida es que vamos a volver a ese no-ser.
Y desde esta posición de comentarista, os doy la bienvenida a mi blog-filosófico-histórico-social-... y muchas barras más, en cuyas entradas intentaré dejar claro un tema, simulando al gran Nietzsche... De ahí el título del blog, y de esta entrada. Espero que leyendo esto se lo pasen la mitad de bien que yo escribiéndolo...
Y no me alargo más, os dejo, con este blog. Cuya existencia... también es contingente...
Y, de repente, material. No contento el destino con que te tengas a ti, tienes el mundo: El gran diseño, de Stephen Hawking.
ResponderEliminarPara no ahogarte en él: Cómmo ser un existencialista, de Gary Cox.