Es irónico, la persona entendida en el ser humano, muere sola. Abandonada por la sociedad, por sus ideas, por sus concepciones teológicas. Por volver a enunciar al sofista Protágoras en su famosa frase: "El hombre es la medida de todas las cosas". Por querer creer. Por hacer de sí un modelo de estudio tanto antropológico como teológico. El pobre Feuerbach murió solo y eclipsado por sus amigos de la izquierda hegeliana. Eclipsado por el que supo vender sus ideas, el primo Carlos. Aunque éste se fijara completamente en él.
Una pena, la verdad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario